El músico y poeta uruguayo Marcos Velásquez murió ayer a los 71 años en Montevideo.
El cantante, guitarrista y compositor Marcos Velásquez residía en Montevideo desde 1985, tras la caída de la última dictadura (1973-1985) que lo había obligado a exiliarse en Europa.
Velásquez fue una de las figuras destacadas del canto uruguayo y de la poesía, junto a figuras como Alfredo Zitarrosa, José Carbajal, Los Olimareños, Héctor Numa Moraes y Daniel Viglietti.
Escribió muchas canciones para su propia interpretación pero también para otros cantores, siendo algunas de las más recordadas Polca infantil, El diccionario, El gallo pato y Cuento celestial, entre otras.
Además de su veta poética seria y profunda, el artista uruguayo desarrolló un fino humor en sus composiciones, mezclándolo otras veces con cuestiones filosóficas e ideológicas, de manera que también incursionó naturalmente en el carnaval.
En los últimos años, ya deteriorada su salud, mantenía un espacio de radio en Montevideo y recorría el país, a veces dando charlas sobre la creación artística o participando de algún espectáculo.
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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