Hay algunas veces —pocas, pero haberlas, haylas— en donde uno se encuentra un poco huérfano de Dios. De su consuelo y de su larga mano en eso de la vida después de la muerte.
Hoy hemos despedido a Joan Baptista Humet, un hombre de profundas creencias religiosas. "Ha sido una hermosa muerte" ha dicho su hermano. Y yo me lo he creído porque sus ojos no mentían. Yo, que jamás he visto nada hermoso en la muerte, yo, que no creo en Dios, me lo he creído. Porque Humet era un esteta y hasta muriendo ha sido capaz de crear belleza. Dice su hermano que el martes reunió a su familia —sus hijos, su esposa, su madre, su primera esposa— y les pidió permiso para marcharse. Genio y figura. El sábado, el día antes de su muerte desde su cama vio como el Barça le metió tres goles al Sevilla. Y señalaba con el pulgar hacia arriba a Messi. Grande Messi. Como si el delantero no quisiera que Joan se fuera con mal sabor de boca. Todo debía ser hermoso en esta muerte. A su hijo pequeño de cuatro años le dijo que se iba de viaje al "País de Nunca Jamás" que si se tratara de un guión de Disney lo podríamos tomar como una ñoñería pero viniendo de alguien que realmente va a realizar ese viaje, nos pone el corazón así de pequeño que más que latir parece que ande descalzo para no romper el silencio que nos queda en el alma.
Dice su hermano que se fue feliz, dando las gracias.
Los que no creemos en Dios no somos tan fuertes ante la muerte. Nos falta valor, elegancia y humildad. Pero seguiremos combatiéndola con la memoria que es nuestra mejor arma. Combatir al olvido es como morir un poco menos.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

Notas legales
Servicios
• Contacto
• Cómo colaborar
• Criterios
• Estadísticas
• Publicidad
Síguenos