Hay algunas veces —pocas, pero haberlas, haylas— en donde uno se encuentra un poco huérfano de Dios. De su consuelo y de su larga mano en eso de la vida después de la muerte.
Hoy hemos despedido a Joan Baptista Humet, un hombre de profundas creencias religiosas. "Ha sido una hermosa muerte" ha dicho su hermano. Y yo me lo he creído porque sus ojos no mentían. Yo, que jamás he visto nada hermoso en la muerte, yo, que no creo en Dios, me lo he creído. Porque Humet era un esteta y hasta muriendo ha sido capaz de crear belleza. Dice su hermano que el martes reunió a su familia —sus hijos, su esposa, su madre, su primera esposa— y les pidió permiso para marcharse. Genio y figura. El sábado, el día antes de su muerte desde su cama vio como el Barça le metió tres goles al Sevilla. Y señalaba con el pulgar hacia arriba a Messi. Grande Messi. Como si el delantero no quisiera que Joan se fuera con mal sabor de boca. Todo debía ser hermoso en esta muerte. A su hijo pequeño de cuatro años le dijo que se iba de viaje al "País de Nunca Jamás" que si se tratara de un guión de Disney lo podríamos tomar como una ñoñería pero viniendo de alguien que realmente va a realizar ese viaje, nos pone el corazón así de pequeño que más que latir parece que ande descalzo para no romper el silencio que nos queda en el alma.
Dice su hermano que se fue feliz, dando las gracias.
Los que no creemos en Dios no somos tan fuertes ante la muerte. Nos falta valor, elegancia y humildad. Pero seguiremos combatiéndola con la memoria que es nuestra mejor arma. Combatir al olvido es como morir un poco menos.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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