Muchas veces por comodidad, otra por desidia y generalmente debido a la abrumadora avalancha de información a la que estamos sometidos diariamente, tendemos a ignorar o, simplemente, a no querer ver, propuestas muy interesantes que nos llegan desde partes del mundo a las que —erróneamente— nunca asociaríamos con el mundo de la trova o de la canción de autor.
Llega el octubre en Barcelona y después de ver pasar un verano lleno de festivales (quizá no tantos como quisiéramos por el efecto de la famosa crisis económica) iniciamos la época invernal de las programaciones regulares de temporada. Este es el caso de l’Auditori de Barcelona, que nos presenta su 15º ciclo de conciertos “Festival de Músiques del Món” (Festival de Músicas del Mundo); este año subtitulado, “de la África Negra al Magreb”, con la idea de acotar musicalmente el ámbito geográfico a esta parte más septentrional del continente africano.
La primera propuesta es Víctor Démé, cantautor de Burkina Faso, que presenta en gira su segundo trabajo discográfico, Deli, después de la buena acogida que obtuvo en Francia. De hecho el público galo fue el que lo acogió en 2007 cuando se presentó en Europa con su primer álbum, Victor Démé, grabado a sus 46 años de edad. La historia vital de Víctor Démé es la historia de un músico africano que durante treinta años sube, con éxito de público, a los escenarios de Costa de Marfil y de Burkina Faso, tocando su guitarra, cantando sus canciones y haciendo versiones de otros grandes nombres de la música africana como Salif Keita o Mory Kanté. El destino quiso que se conocieran con David Commeillas, periodista francés, en un local de Ouagadougou (capital burkinesa) quién le ayudó a entrar en contacto con la pequeña discográfica francesa Soundicate, fundando con ellos su propio sello discográfico: Chapa Blues Records, destinado a la música de Démé. A menudo el destino es quién ayuda a estos grandes nombres de la música africana a salir de la fama anónima en su país natal, y empezar una nueva vida musical en Europa y el resto del mundo. Este salto geográfico-musical a menudo se da con una adecuación de la música foránea del artista a los gustos musicales occidentales.
Éste no es el caso de Démé, un auténtico griot mandinga. De padre sastre, es con su madre, una reconocida griota mandinga, que le llega la vocación musical. El griot es el historiador oral africano, el guardián de la historia de la aldea y de las genealogías de sus habitantes; unas historias explicadas de pueblo en pueblo y transmitidas de generación a generación. El griot es, pues, un miembro respetado del clan con un importante rol social ya que interviene en bautizos y bodas para rendir cuenta del pasado de cada familia, y también para intervenir en conflictos: “para apagar fuegos”, como aclara el cantautor. Así pues, antes de la aparición de la escritura, retenía de memoria todos los acontecimientos sobresalientes de la vida de una o más aldeas, pero, como nos explica Démé, “la llegada de la radio, el teléfono y más recientemente el internet, le ha hecho perder su importancia”. Démé, heredero de esta ancestral tradición, se presenta cómo lo que es actualmente un griot, un cantautor que, en su caso, explica de forma intimista sus historias y sus ideas en su lengua natal, el Dioula; ha comentado en otras ocasiones que no canta en francés porqué no domina suficientemente el idioma, aunque a mi entender parte de la esencia de su música está en qué el mensaje nos llega virgen, con la sonoridad de su lengua, su cultura y su personalidad.
Una personalidad humilde tanto dentro como fuera de los escenarios. En su directo y su disco encontramos una música emotiva, con una voz que resuena enérgica y sentida (se nos disculpa porqué en el concierto en Barcelona estaba con un poco de afonía). Como nos asegura él mismo, “nada ha cambiado en mi música” para agradar al público occidental, y añade: “En mis álbumes hay melodías que repito en mi cabeza desde hace años…”. Estas melodías van acompañadas por su guitarra y su banda de siempre: los hermanos Diarra con la kora y percusiones, la guitarra virtuosa de Issouf Diabaté, y el bajo del otro Diabaté, Moussa. La percusión africana, tan viva y rítmica, encuentra con Démé y su conjunto un lugar donde expresarse de una forma más intimista y pausada a la que el oído occidental está acostumbrado. Mientras que los arreglos de Diabaté nos sumergen en un ambiente folk-blues y caribeño, tan pronto canta una balada sobre una escala de blues, como hacer poner en pie a la Sala Oriol Martorell de l’Audiori de Barcelona a ritmo de salsa. Al final, aplausos entusiastas de un público que creció y se integró en el ecosistema sonoro burkinés a medida que avanzaba el concierto, y unas palabras de Démé a modo de epílogo pidiendo a sus compatriotas que volvieran a su país natal, que volvieran con los conocimientos adquiridos en el extranjero para levantar y regenerar la tierra que los vio nacer.
Con esta petición nos dejó Víctor Démé, mostrando su compromiso con una cultura y un país, el suyo; y llevando consigo la herencia de sus antepasados, los griots. He aquí un griot del siglo XXI.
La cantautora Judit Neddermann y el guitarrista Pau Figueres presentan un nuevo álbum conjunto, con doce canciones en castellano, catalán, portugués y francés, grabadas en directo en estudio. Entre ellas, una nueva versión de Vinc d’un poble con Joan Manuel Serrat y temas originales que combinan pop, folk, jazz y música popular brasileña.
El cantautor chileno Patricio Anabalón lanza el single Danza con la participación de Silvio Rodríguez, en una obra producida por Javier Farías y enriquecida con los aportes del Cuarteto Austral, Felipe Candia y otros destacados músicos e ilustradores; en un encuentro generacional de la canción de autor.
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