El cantante Peret apadrinará y dirigirá a partir del mes de noviembre un curso de introducción a la rumba catalana en el Conservatorio del Liceo de Barcelona, según ha confirmado el mismo conservatorio.
EP - El curso, dirigido a personas jóvenes o adultas con conocimientos musicales básicos, ofrece como novedad la posibilidad de especialización y la división del curso en módulos teóricos y prácticos, ha avanzado La Vanguardia.
Se trata de la primera vez en más de cinco décadas de historia de la rumba que aparece una oferta formativa que combina sesiones teóricas, instrumentales y de conjunto rumbero.
El curso, de 22 horas y media, tratará los aspectos principales de la rumba catalana, sus protagonistas, su historia, su contexto social y su discografía elemental.
La iniciativa surge por deseo expreso de Peret para crear una escuela de rumba para enseñar todos sus conocimientos después de haberse dedicado tantos años a este género.
Ramón Giménez, fundador del grupo Ojos de Brujo; Rogeli Herrero, guitarrista y cantante de los Manolos; Antoni 'Sicus' Carbonell, productor, líder y cantante de Sabor de Gràcia; Martí Marfà i Castàn, antropólogo social de la Universitat de Barcelona y de la Saint Andrews University; serán algunos de los profesores de este primer curso de iniciación de rumba catalana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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