La mítica intérprete brasileña María Bethãnia llegará esta semana al país para presentar su espectáculo Amor, fiesta y devoción con dos funciones en el teatro Gran Rex de Buenos Aires.
Reporter - El show de María Bethãnia fue creado especialmente para mostrar en vivo los repertorios de Tua y Encanteria, los álbumes que la cantante lanzó el año pasado, y se verá los días 23 y 24 de octubre en la sala de Avenida Corrientes 857.
Tua está integrado por canciones de amor, mientras que Encanteria tiene un clima de fiesta y celebración; dos aspectos que están presentes en el concierto que Bethania traerá al país.
Amor, fiesta y devoción está dedicado a la madre de la artista, Doña Canó, quien inspiró el título de la propuesta. "Son palabras que me guían y que tienen como subtexto la fe, la esperanza y la caridad, características fuertes de mi madre", reveló la vocalista.
Y a pesar de que los shows -con sencilla escenografía y un clima sumamente intimista- están basados en el repertorio de las dos últimas placas, no quedarán de lado composiciones clásicas de Chico Buarque y de Caetano Veloso.
En el escenario, Bethania estará acompañada por Jaime Alem en arreglos, guitarras y viola; Jorge Helder en bajo y guitarra; Carlos Cesar en batería y percusión; Marco Lobo y Reginaldo Vargas en percusión y Vitor Gonçalves en piano, acordeón y guitarra.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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