El dúo de Raúl "Tilín" Orozco y Fernando Barrientos junto a artistas locales que son referentes culturales de Mendoza ofrecieron en uno de los salones de las céntricas galerías Piazza, un recital a modo de "peña popular" en homenaje al poeta Armando Tejada Gómez.
Télam - El encuentro, organizado por Orozco-Barrientos en el mismo lugar donde se dieron a conocer en 1991, constituyó, como anticipó "Tilín" a Télam, "una juntada de amigos para recordar a Armando como a él le gustaba, con alegría y esperanza".
En la platea, entre mesas pobladas de buen Malbec bien tinto, se mezclaron Laura Tejada, hija de uno de los mentores del Movimiento del Nuevo Cancionero, Jorge Sosa, el cantautor Jorge Marziali, el guitarrista Daniel Talquenca y otros referentes locales que remitían a aquel muy salteño Balderrama con el "Cuchi" Leguizamón, los Chalcha y los poemarios de Manuel José Castilla y Jaime Dávalos.
En el escenario pero acompañados en los estribillos por la amigable concurrencia, Orozco-Barrientos interpretó tonadas, cuecas y gatos cuyanos de nueva y añeja cosecha, muy bien sostenidos por Raúl Reinoso (guitarra), Sergio Martínez (guitarrón-guitarra), Francisco Chavero (guitarra) y Ricardo Vaccari (percusión).
Al dúo lo siguió el terceto Oesch que ofreció temas inéditos de proyección andina que acompañaron con palmas hasta los mozos (y las buenas mozas) del "Soul, espacio literario".
Ya entrada la noche, el descendiente huarpe Marcelino Azaguate con su hermano Pablo en percusión y las guitarras de Reinoso y Franco Navarro llenaron el espacio con coplas y zambas bailadas por parejas de concurrentes y con dedicatorias a los artistas más renombrados, quienes agradecieron —tal como lo establece la tradición lugareña— arrimando un sorbo de vino de su copa a los intérpretes.
La fiesta, con poemas de Tejada Gómez intercalados, siguió hasta la madrugada con todos arriba del escenario y dio lugar a lo que Marziali apuntó en sus referencias a Mendoza: "No sé para que empiezan si después no saben parar".
Merece completar la pintura nocturna que cuando cualquier asistente necesitaba pasar al baño debía trasponer otro amplio salón aledaño con veinte parejas de cincuentones que les enseñaban a bailar tangos rantifusos a una muchachada ávida del ritmo del puerto y de los arrabales rioplatenses.
Como si el viejo Armando, ese profeta que escribió Canción con todos, Canción de las simples cosas y Canción para un niño en la calle, los hubiera convocado en pos de una integración musical de ritmos de gran aceptación popular.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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