El músico, compositor y productor argentino Gustavo Santaolalla, junto al también músico Raúl "Tilín" Orozco, ha presentado sus cervezas "Grosa" y "Re Grosa".
![]() Gustavo Santaolalla y Raúl «Tilín» Orozco en sus bodegas «Cielo y Tierra»
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Luego del éxito obtenido por los vinos "Celador", "Don Juan Nahuel " y "Don Juan Nahuel Reserva" (que incluyó medallas de oro para los tres en el concurso, "Selections Mondiales des Vins", realizado en Québec - Canadá; Gustavo Santaolalla y Raúl "Tilín" Orozco presentan sus dos variedades de cerveza ALE (cervezas de alta fermentación):
"Grosa" y la super exclusiva, de edición limitada, "Re Grosa".
Estas dos cervezas son ALEs desarrolladas con la inestimable dirección de un grande: el maestro cervecero Eugenio Elman, quien probó distintas opciones, fermentó maltas a diferentes temperaturas, varió las proporciones de lúpulo, trabajó incansablemente hasta lograr lo que estaba buscando.
Luego, esperó dos años mientras la "Grosa" y la "Re Grosa" se añejaban en barricas de roble, en esos recipientes donde se guardaron previamente los secretos de los vinos Malbec de las bodegas "Cielo y Tierra", propiedad de Gustavo Santaolalla y Raúl "Tilín" Orozco.
Eugenio Elman dejó entonces que a lo largo de todo este tiempo en cavas subterráneas, descriptores aromáticos se fusionarán con la cerveza, dando paso a nuevas y explosivas sensaciones.
Las cervezas se elaboran en una de las fábricas de cerveza más altas del planeta ubicada en el pueblo andino de Potrerillos, provincia de Mendoza (Argentina) y se han ido definiendo por las características naturaleza de los insumos que la naturaleza y las condiciones climáticas de la Argentina dan: cebada malteada de las pampas, cebada tostada artesanalmente, lúpulo patagónico y el agua más pura de los glaciares mendocinos.
De aquí surge el apelativo "Ale Andino", ya que es hecha lentamente con agua de glaciar, al pie del mismo, con los ingredientes antes mencionados, más el agregado de levaduras importadas de Bélgica.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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