La cantante griega se presentó ayer en la Sala Luz de Gas acompañada por el grupo Primavera en Salónico con los que comparte el afán por reinventar las sonoridades del Mediterráneo.
Parece ser que esto de la trova es cosa de hombres. Y por favor no tomen esta afirmación como un comentario machista. Es pura estadística. Sin embargo cuando hablamos de la Mediterránea, las proporciones se invierten. Quizás buscando una explicación un tanto bucólica puede ser debido a que mientras los hombres se hacían a la mar las mujeres se quedaban en el puerto cantando su ausencia y su regreso. La música mediterránea es paradójicamente de tierra firme.
Sea como sea, Savina Yannatou es —lo reza en su promoción— "una nueva diosa del Olimpo en la canción de autor de raíces mediterráneas". Y lo cierto es que se atreve con todo: canciones palestinas, armenias, albanesas, corsas, sicilianas, sefardíes, búlgaras, turcas y, por supuesto, griegas; estableciendo un puente entre culturas, entre oriente y occidente. Este "puente de mar azul" que pregonaban Miquel Martí i Pol y Lluís Llach.
Y este acercamiento a las raíces lo hace desde la simbiosis entre lo moderno y lo tradicional, mezclando toda la sal del mediterráneo con atrevidas influencias del jazz y de la música contemporánea.
Savina Yannatou cedió parte de su protagonismo al grupo que la acompañaba, Primavera en Salónico, un grupo de cinco virtuosos que combinan instrumentos occidentales (la guitarra, el violín, el contrabajo) y orientales (el ud, el saz, el salterio) con una poco convencional percusión y que llevan estos instrumentos hasta el límite de sus sonoridades y utilizan la improvisación como arriesgado pero agradecido recurso.
![]() Savina Yannatou con el grupo Primavera en Salónico
© Xavier Pintanel
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Con una sala llena, el público se debatió entre los que ya estaban rendidos a su talento antes de empezar el concierto y los que —reconociéndole sus grandes virtudes— estamos demasiado acostumbrados a Maria del Mar Bonet como para que esto nos tome por sorpresa.
Sí, las comparaciones son odiosas. Pero qué le voy a hacer si yo nací de este lado del Mediterráneo...
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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