Con un primer disco sobre la mesa, Adictos (Musica Deaquelia, 2008), el cantautor gaditano se suma a la nómina de nuevas voces que aportan savia fresca y sensibilidad al género, que necesita exponentes entusiastas como él para atrapar a un público joven y desacomplejado. Sus canciones combinan historias donde la realidad y los sentimientos se entrecruzan con unos referentes culturales propios de su generación. El suyo es un mensaje directo y actual relleno de aromas atlánticos.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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