El cantautor argentino Alberto Cortez donará a varios grupos indígenas de México el dinero que recaude con su última producción discográfica.
EFE - Los beneficios de Alberto Cortez, sinfónico, grabado en vivo en el Auditorio Nacional de Ciudad de México en 2010, acompañado de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Xalapa Veracruz, dirigida por el maestro Antonio Tornero, serán canalizados a través de la fundación Hermes Music a diversas comunidades nativas del país, aún sin concretar.
El artista así lo quiso para pagar su deuda con el pueblo mexicano por su cariño y atención para con su música, según dejó patente en un comunicado.
La fundación invertirá el dinero en becas de estudio, atención médica, reparto de juguetes y alimentos, y asesoramiento legal a migrantes, aseguró su presidente Alberto Kreimerman. También se donarán 3.000 guitarras para que los indígenas sigan creando música.
"Creemos firmemente que la música puede curar el alma de aquellos que lamentablemente tienen olvidados los gobiernos", afirmó el dirigente de la fundación.
El disco salió a la venta este mes con temas clásicos de Cortez como Cuando un amigo se va, En un rincón del alma, Mi árbol y yo, Miguitas de ternura y No soy de aquí.
El cantante nacido el 11 de marzo de 1940, compuso sus primeras canciones a los 12 años.
La fundación ya lanzó anteriormente un proyecto benéfico en forma de disco, dirigido a ayudar a los migrantes, en el que participaron artistas como Carlos Santana, Ramón Ayala y Willie Nelson.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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