El cantautor Argentino Luna fue trasladado al Centro Modelo de Nefrología y Diálisis de la Fundación Favaloro de la Capital Federal luego de permanecer 18 días internado en el Hospital Zonal de Caleta Olivia, con un cuadro clínico que por momentos fue extremadamente crítico ya que llegó a estar en coma farmacológico.
![]() «Corazón Planetario», escultura de Gyula Kosice en la entrada de la Fundación Favaloro.
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Argentino Luna viajó ayer desde Comodoro Rivadavia a bordo de un avión preparado para el traslado de este tipo de pacientes.
El jefe médico del Hospital Zonal de Caleta Olivia, Gerardo Romaní, señaló que debido a la "mejoría clínica" de Luna "se solicita derivación a un centro de Buenos Aires para continuar el tratamiento y la rehabilitación".
El cantante continúa recuperándose de una intervención abdominal y está "hemodinámicamente estable", se indicó.
"Se encuentra despierto, se comunica y se alimenta vía oral", señala el último parte médico.
Luna también mejoró en la "diuresis" y los médicos solicitaron su derivación ya que se encuentra "en condiciones de realizar un vuelo sanitario".
"Lo traeremos a la Fundación Favaloro porque su problema está relacionado al corazón. No sufrió un accidente cerebrovascular. Acá en Buenos Aires va a estar en su tierra y cerca de otros centros médicos en caso de alguna urgencia", aseguró Rodolfo Poggini, manager de Luna.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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