El poeta chileno Gonzalo Rojas, Premio Cervantes de Literatura 2003, falleció hoy a los 93 años tras permanecer en estado de extrema gravedad durante más de dos meses debido a un accidente cerebrovascular, informó su familia a Radio Cooperativa.
La salud de Gonzalo Rojas, galardonado también con el Premio Nacional de Literatura 1992 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 1992, se agravó el pasado 22 de febrero, cuando sufrió un infarto cerebral.
Rojas, nacido el 20 de diciembre de 1917 en el puerto minero de Lebu, se convirtió en 2003 en el segundo chileno en ganar el Premio Cervantes, el más importante galardón literario de la lengua española. Antes lo había obtenido el novelista Jorge Edwards.
También recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile y el Premio de Poesía Reina Sofía de España. En 2004 fue nominado al Premio Nobel de Literatura, que ya habían ganado sus compatriotas y colegas poetas Gabriela Mistral, en 1945, y Pablo Neruda, en 1971.
La figura de Rojas, con su gorro y sus típicos tirantes para asegurar los pantalones, era familiar para los chilenos. De estatura escasa y sonrisa permanente, conservó hasta avanzada edad un aspecto jovial, incluso juvenil.
En 1938 se unió al grupo de escritores surrealistas chilenos La Mandrágora, pero su permanencia fue breve, ya que muy pronto se sintió limitado por el estilo del grupo y no lograba conformarse a una escuela determinada de escritura.
Hijo de un minero, conoció la pobreza desde la infancia. En la década de 1940 enseñó a leer y escribir a los hijos de los mineros del norte de Chile, en el árido desierto de Atacama.
Durante el breve gobierno de Salvador Allende (1970-1973), Rojas fue nombrado agregado en la embajada chilena en Cuba, un cargo que perdió tras el golpe militar de Augusto Pinochet, el 11 de septiembre de 1973.
Con más de 50 obras publicadas, es autor de libros como La reñiñez, Río turbio o Metamorfosis de lo mismo, y era considerado hasta ahora como uno de los poetas vivos más importantes de Chile.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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