El payador, poeta, arpista y guitarronero chileno Santos Rubio, uno de los más influyentes y significativos exponentes del llamado canto a lo poeta, falleció cerca de las 7:30 horas de ayer.
![]() Santos Rubio junto a su hermano menor, Alfonso, ambos payadores y guitarroneros, en una de las últimas fotografías juntos que se conocen. Fue tomada en Pirque en 2008.
© Claudio Vera/EMOL
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Santos Daladier Rubio Morales murió a los 73 años en su Pirque natal a causa de un cáncer, dejando uno de los más valiosos legados en lo referente al canto popular, además de un constante trabajo de preservación y difusión de las expresiones folclóricas chilenas.
Se destacó por llevar el guitarrón y el canto a lo divino a escuelas y universidades, actuando además en encuentros de payadores y guitarroneros, sin que su ceguera fuera obstáculo para su talento.
Santos Rubio fue uno de los grandes exponentes de la tradición de poesía y canto popular, la que materializó en discos, encuentros de guitarreros y payadores, y en trabajos con Violeta Parra o el Canto por travesura de Víctor Jara y más tarde con el elenco que en plena Dictadura trajo de vuelta la paya junto a Pedro Yáñez, Jorge Yáñez y Benedicto Piojo Salinas.
El artista folclórico tuvo una basta trayectoria, reconocida el 2004 con el premio a la música nacional “Presidente de la Republica”, gracias a su rica tradición musical que alimentó por años a las nuevas generaciones.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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