Las centésimas del alma, un bello y autobiográfico poema de Violeta Parra que musicalizó Carmen Baliero, coronó el martes por la noche la segunda jornada del Festival Jazz al Fin que se está realizando en Ushuaia y que bajo el rescate de protagonismo femenino propone este año una marcada mirada de género.
Télam - El poema que Violeta escribió a pedido de su hermano Nicanor fue abordado por Baliero en un ininterrumpido y extenso set de piano y voz que cautivó a la audiencia que se acercó hasta la sala Niní Marshall de la Casa de la Cultura de esta ciudad en la segunda noche del festival.
Con un sofisticado manejo de la teatralidad y una narrativa compositiva que propone distintas aceleraciones y que varía sus modos y sus tempos, Baliero logra musicalizar un poema que de antemano parece inabarcable y le confiere una sonoridad emparentada a un modo de hacer música ligado a determinados paisajes, modulaciones y atmósferas que aún siendo interiores expresan también una guerra o una violencia.
Esta diáspora en direcciones múltiples es la que emparenta la musicalización de Baliero con el poema de Violeta Parra, que de a momentos es trágico y en otros cómico y que nunca renuncia a la veta política y la denuncia pero que las agiganta y sensibiliza con lucidez poética, cercanía cotidiana y victorias y derrotas amorosas.
Antes de la actuación de Baliero, que concluyó con una interpretación de Te mataría a modo de bis, se presentó la multiinstrumentista y cantante platense Ana Archetti, que regó con magia y suavidad su intervención en este festival.
Sentada frente a un piano eléctrico pero utilizando también el armónico, la caja, la mbyra e instrumentos de percusión y acompañada por su hermano Marcos en bajo, Archetti ofreció un repertorio tan ecléctico como amplio, profundo y amable de una simpleza contundente y bella.
Las canciones fueron desde Nostalgias santiagueñas de los hermanos Ábalos, a un canto de una etnia michoacana de México recopilado por Lila Downs o Santo Antonio de Hermeto Pascoal, y todas estuvieron marcadas por una sonoridad generosa, suave, cercana.
La apertura de la noche había corrido por cuenta del coro Vocal Jazz Ushuaia, un grupo vocacional de 12 cantantes que abordó un repertorio de standards en inglés, de a momentos acompañados por una pista de sonido y en otros por una guitarra eléctrica.
Esta segunda jornada del festival que este año lleva por lema “La mujer en cuerpo y voz”, amaneció soleada y entregó un día muy agradable que se prolongó en un mejor acercamiento del encuentro en relación con la ciudad.
Funcionaron mejor las mesas de debate que se desarrollan por las tardes y aumentó la asistencia las clínicas que dictan músicos como Roxana Amed y Marcos Archetti, así como la concurrencia a la sala Niní Marshall por la noche se vio acrecentada respecto de la jornada de debut del lunes.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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