Habría que vivir varias vidas para devolverle a Serrat todo lo que él me ha entregado. Y una sola de estas vidas ya sería para agradecerle el haber generado la chispa que luego se convirtió en el incendio de compartir sueños y quimeras con Henry Martínez.
Henry Martínez es un hombre limpio de sonrisa y franco en el gesto. Es sabio porque sabe escuchar y escucha con los ojos. Y lo hace con tal intensidad que a alguien le podría parecer que está inventando melodías para ponerle a tu voz. Como buen compositor administra con la misma delicadeza tanto sus silencios como sus palabras. Y sus palabras, cuando llegan, llegan preñadas de amor y como si llevaran años envejeciendo —mejorando— y te atraviesan como un buen vino carnoso y largo en boca que aún las llevas encima después de haberte despedido de él. De su paso un tanto cansado se deduce que más de un palo le ha dado la vida y lleva consigo la soledad de aquel que no sabe cuánto es querido. Y es muy querido porque cuanto ser humano he conocido honrado por su amistad, ha sido seducido por la bondad de un hombre bueno.
Serrat —siempre Serrat— el mensajero de esa puta vestida de verde que es la Fortuna, no te regala nada si no es puro, si no es grande, si no es bueno.
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Martirio llevó el pasado domingo 12 de abril al Auditori de Barcelona, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants, su espectáculo Al sur del tango, una propuesta que enlaza las raíces compartidas entre Argentina y España desde una interpretación que es tanto voz como gesto y emoción.
La cantante, flautista y compositora catalana Magalí Sare presenta Descasada, un trabajo entre la investigación antropológica y la libertad musical. Sare se sitúa en una escena de mujeres altamente formadas que han redefinido la canción de autor contemporánea.

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