Habría que vivir varias vidas para devolverle a Serrat todo lo que él me ha entregado. Y una sola de estas vidas ya sería para agradecerle el haber generado la chispa que luego se convirtió en el incendio de compartir sueños y quimeras con Henry Martínez.
Henry Martínez es un hombre limpio de sonrisa y franco en el gesto. Es sabio porque sabe escuchar y escucha con los ojos. Y lo hace con tal intensidad que a alguien le podría parecer que está inventando melodías para ponerle a tu voz. Como buen compositor administra con la misma delicadeza tanto sus silencios como sus palabras. Y sus palabras, cuando llegan, llegan preñadas de amor y como si llevaran años envejeciendo —mejorando— y te atraviesan como un buen vino carnoso y largo en boca que aún las llevas encima después de haberte despedido de él. De su paso un tanto cansado se deduce que más de un palo le ha dado la vida y lleva consigo la soledad de aquel que no sabe cuánto es querido. Y es muy querido porque cuanto ser humano he conocido honrado por su amistad, ha sido seducido por la bondad de un hombre bueno.
Serrat —siempre Serrat— el mensajero de esa puta vestida de verde que es la Fortuna, no te regala nada si no es puro, si no es grande, si no es bueno.
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El cantautor catalán Joan Manuel Serrat recibirá la máxima distinción académica de la UNCUYO en marzo, en una visita de tres días que incluirá un concierto homenaje con la Orquesta Sinfónica y un encuentro abierto con el público. La resolución destaca su compromiso con la libertad, la diversidad cultural y los derechos humanos.
La cantautora siciliana Carmen Consoli cantó ayer 22 de febrero en Paral·lel 62 de Barcelona dentro del Festival BarnaSants, en un concierto de doble estreno: la presentación en Barcelona de su nuevo disco Amuri Luci (Amor Luz) y su memorable encuentro en el escenario con la Orquestra de Músiques d’Arrel de Catalunya (OMAC).

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