El contrabajista cubano Orlando "Cachaíto" López, integrante del Buena Vista Social Club, falleció hoy en La Habana a los 76 años de edad.
EFE - "Él estaba enfermo desde hacía más de mes y medio. Primero fue operado de una hernia y luego de la próstata, pero se complicó, se le presentó una insuficiencia renal y murió", dijo su cuñada, Rosa García Máden.
El funeral aún no tiene fecha porque la familia espera la llegada de sus hijas, que viven en Barcelona (España) y están haciendo los trámites para viajar a La Habana.
Uno de sus compañeros del Buena Vista Social Club, el trompetista Luis Manuel ("Guajiro") Mirabal, declaró a Efe que "para el grupo es una pérdida irreparable. Fue un gran músico, un gran compañero, es una desaparición muy sentida".
Nacido en La Habana el 2 de febrero de 1933, López creció en el seno de una familia de músicos: su padre, Orestes López, y su tío Israel "Cachao" López se destacaron también como contrabajistas, compositores e instrumentistas.
Orlando estudió con su padre, integró la orquesta de Arcaño y sus Maravillas, fue miembro de la banda de jazz Riverside en 1954 y en 1960 formó parte de la Orquesta Sinfónica Nacional.
En 1966 tocó con la Orquesta Cubana de Música Moderna y en 1996 fue elegido para el Buena Vista Social Club con otros relevantes intérpretes, varios ya fallecidos, como el cantante Ibrahim Ferrer, el trovador Compay Segundo, el cantante Pío Leyva y el pianista Rubén González.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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