Con prólogo de Raúl Carnota, este libro fotográfico invita a recorrer sus 144 páginas a todo color todo sobre este instrumento de percusión nacido en Argentina pero que ha traspasado sus fronteras e incluso el Atlántico.
Las palabras de los luthiers Mario Paz y El “Indio” Froilán González en "El Patio", como la de los bombistos, cantores y bailarines Julio Paz, Paola Bernal, Quique Fernández, Tamborelá, Juan Saavedra, Mora Martínez, Demi Carabajal, Mariana Baraj, Carlos Rivero y Marián Farías Gómez retumban al compartir sus saberes y sueños.
También incluye un breve repaso histórico, pero sobre todo destacan las fotos, desde la hechura artesanal del instrumento, hasta sus sonidos amplificados.
Los fotógrafos Javier Valado de Argentina y Yann Maury-Robin de Francia son 2 jóvenes entusiastas que cámara y grabador en mano viajaron tras algunas pistas del bombo.
“Creemos que es un sincero y humilde aporte a la cultura musical y popular de Argentina, y a la percusión en particular; también al inabarcable universo de la fotografía como herramienta comunicacional”, dicen los autores, luego de dos años de trabajo conjunto, autogestionado.
"Este proyecto fotográfico es una invitación a sentir el latido de la madre tierra, y adentrarse en ese universo percusivo que es el bombo legüero. De Buenos Aires a Santiago del Estero el camino es profundo y alegre. Imágenes y palabras nos remiten a las raíces africanas y qheshwas que vibran en cada ceibo, en cada patio de tierra, en las manos que repiqueteando el cuero van pariendo chacareras", añaden los autores en su presentación.
El bombo legüero es un instrumento de percusión perteneciente a la familia de los membranófonos que se fabrica con el tronco ahuecado de un árbol al que se le sujetan dos parches o membranas. Recibe su nombre porque su retumbar se puede escuchar a más de una legüa.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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