El guitarrista sevillano Enrique de Melchor ha fallecido hoy a los 61 años en Madrid tras una larga enfermedad, según ha informado la Sociedad General de Autores (SGAE).
![]() Enrique de Melchor, durante su actuación en los Jardines de Sabatini de Madrid el 12 de agosto de 2010.
© EFE
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Enrique Jiménez Ramírez, más conocido como Enrique de Melchor, nació en Marchena (Sevilla, España) el 15 de julio de 1950, donde vivió hasta los 12 años, Enrique de Melchor residía en Madrid, donde tenía una tienda de guitarras flamencas y en cuyo Cementerio de San Isidro será instalada hoy la capilla ardiente.
Maestro del acompañamiento, tocó y grabó con las máximas figuras del cante, como Antonio Mairena, El Lebrijano, José Menese, José Mercé, Enrique Morente, Fosforito y Carmen Linares, entre otros, además de trabajar durante dos temporadas con Paco de Lucía, con el que realizó giras internacionales, además de colaborar discográficamente en los setenta.
Como solista actuó en escenarios como el Queen Elizabeth Hall de Londres, el Teatro Real de Madrid, el Liceo de Barcelona o Carnegie Hall de Nueva York, y acompañó a otros guitarristas como Paco de Lucía y cantantes como Montserrat Caballé o José Carreras.
Enrique de Melchor, que acababa de grabar un disco con el cantaor Antonio Suárez Salazar, conocido como Guadiana, tiene trabajos de éxito como Bajo la luna (1989), La Noche y el Día (1991) y Cuchichi (1992), pero uno de sus discos más celebrados fue Arco de las rosas (1999), que incluía el tema La danza de los gitanos con Amancio Prada y Paco Rabal.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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