La cantautora María José Cantilo, una de las primeras mujeres en ser arte del rock argentino, retoma su camino en solitario con Esencia, un álbum a guitarra y voz que registró en directo y que pone el acento en un repertorio con “canciones con un mensaje ecológico necesario y con una rebeldía importante que siempre resiste”, según resaltó.
En una entrevista con Télam, Cantilo consideró: “hice un disco con una sensibilidad femenina que no siempre es la más recomendable desde lo comercial”.
Esa impronta que atraviesa el registro es responsabilidad de su hijo Gaspar Benegas que grabó y mezcló las canciones con la misma solvencia con que ejecuta la guitarra en Los Fundamentalistas del Aire condicionado del Indio Solari y en Las Manos de Filippi.
“Música funcional y ruido es lo que sobra, ya hay mucho. Con mis canciones yo quiero formar parte de otro club”, postuló la hermana de Miguel Cantilo.
En el mismo sentido, la vocalista apuntó que Esencia “es como un hijo que estoy presentando y me muero de ganas de que guste y que enganche a la gente que está en esa frecuencia”.
Consultada acerca de la decisión de proponer un álbum acústico, señaló que “hay tanta oferta de diversidad de sonido que esta vez elegí hacer un disco basado en las formas más íntimas”.
Sobre el repertorio asumido, contó que “se basó en canciones que fueron cajoneadas o postergadas y otras que fueron parte de otros discos y cosas nuevas y de cuando mis hijos eran chiquitos”.
“Lo importante es que el amor es el que está como frecuencia que convoca a todo el repertorio”, abundó la también hacedora de álbumes como En banda, Gota a gota, Sai Ram y Aquí y ahora.
Haciendo un balance de ese camino, deslizó que “no he tenido demasiada repercusión mediática con mis discos independientes, pero esta vez y en lugar de tratar de agradar al mercado quise hacer algo que me representara cabalmente”.
Para Esencia grabó Aime, Quiero estar, India araucana, Depredadores, Para acariciarte con mi voz, Ese valle, Sabio rey y mago, Hablándome al oído, No es igual, Hijo mío, Ya valió la pena, Cada mañana, Perlas, Mágica forma y Dejar su canción.
“Son canciones -insistió María José- que están destinadas para los hijos, para la pareja, para mi vieja, para determinados lugares y por esta tierra que están tan al filo del precipicio”.
Mientras reparte su vida entre El Bolsón y Buenos Aires, Cantilo celebra de escaparle a los rótulos pero sigue considerándose como parte del rock.
En ese recorte de su propio andar, comentó que “mis últimos discos los hice con Gaspar y con Baltasar (Comotto) y eran súper rockeros, pero aunque Esencia es de baladas, yo no me quiero bajar de ahí”.
“A mí me gusta hacer música para conmover y eso tiene que ver con una cosa rockera de la que me siento parte”, redondeó la artista.
Guitarra en mano, la intérprete concluyó exhibiendo su faceta andariega: “Tengo una chacra en El Bolsón y vuelvo cada año y también me encantaría poder recorrer el país visitando escenarios de cualquier pueblo”.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

Notas legales
Servicios
• Contacto
• Cómo colaborar
• Criterios
• Estadísticas
• Publicidad
Síguenos