Pi de la Serra es –con Raimon– el cantautor de expresión catalana en activo con más carrera en las espaldas. Cumple 70 años con Quicolabora (Temps Record, 2011).
La presentación del nuevo trabajo de Pi de la Serra es una de las perlas más destacadas de la edición del 2012 del BarnaSants, un disco en que el cantante y guitarrista barcelonés recupera alguna de las peces clásicas de su prolífico repertorio, reinterpretándolas en clave de blues. Lo hace en formato de trío y al lado de Amadeu Casas y Joan Pau Cumellas.
Con un repertorio muy excepcional, Pi de la Serra presenta su última propuesta, Quicolabora, acompañado de dos de los músicos más auténticos y máximos exponentes del blues en nuestro país, Amadeu Casas y Joan Pau Cumellas.
Estos tres músicos se reúnen para consolidar un trío que pueda ser una expresión diferente dentro del mundo del blues en Cataluña. Voces, cuerdas y armónicas de todo tipo se fusionan para presentar un repertorio formado por algunas de las canciones más emblemáticas de Pi de la Serra, hechas en épocas difíciles, alguna nueva y una serie de blues.
Francesc Pi de la Serra (Barcelona, 1942) es, después de Raimon, el más veterano de los cantautores en catalán. Pero es también uno de los que transmiten un espíritu más joven con sus canciones y que en todo el mundo ha fascinado a compañeros de oficio de un gran prestigio, desde Caetano Veloso hasta Paolo Conte, pasando por Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, a parte de varios discípulos, entre ellos Joaquín Sabina, que lo reconoce como uno de sus principales maestros.
Desde 1962, año en que se incorporó a Els Setze Jutges —colectivo del que fue su número 5 y el primer cantante profesional— y preparó la fundación de Els 4 Gats —el primer grupo de rock en catalán—, Pi de la Serra ha compuesto una larga serie de piezas que lo han consolidado como uno de los cantautores europeos que han sabido encontrar un discurso artístico más personal y independiente, con un gusto literario que entronca con el surrealismo y las otras corrientes de la gran tradición de las vanguardias de la década de 1920.
Ajeno a las modas y los condicionamientos de la industria musical, Pi de la Serra mantiene un compromiso social insobornable en su ejercicio de la canción, que entiende como una disección crítica de la realidad desde una mirada poética, a menudo teñida de un humor muy sutil e inteligente.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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