
Pocas personas han influido tanto, para bien o para mal, en la carrera de Serrat como José María Lasso de la Vega. Este personaje—para no entrar en responsabilidades judiciales digamos que si coincidiera con él en un naufragio estaría más pendiente de él que del barco—, este personaje decía, fue el responsable de algunos de los más sonados éxitos y también de los mayores errores del trovador catalán.
Lasso de la Vega fue, por ejemplo, quien propició esta unión contra natura entre Serrat y Augusto Algueró que dio como resultado la canción Penélope. Y digo que esta unión fue inusual porqué Serrat venía del mundo de la trova y Algueró de aquello que se dio en llamar canción ligera o comercial. Los grandes éxitos de Augusto Algueró ("La vida es una tómbola de luz y de color", "La chica ye-yé", "ola, ola ,ola, ola, no vengas sola") no ligaban a priori ni estilística ni formalmente con la canción de Serrat.
Aún así, decidieron presentarse juntos al IV Festival Internacional da Canção Popular de Rio de Janeiro, y ganaron los tres premios posibles: a la mejor letra, la mejor música y la mejor interpretación.
Las relaciones personales entre Serrat y Algueró nunca fueron, por decirlo de alguna manera, demasiado cercanas. Quizás esto, o cualquier otra cosa, propiciaron que —como quien dice subiendo al avión hacia Rio— Serrat propusiera cantar Penélope con una música que él mismo había compuesto. Los hechos han dado la razón a Lasso de la Vega y a Augusto Algueró y esa Penélope ha pasado a ser una de las canciones imprescindibles en cualquier antología de Serrat. La otra Penélope, la de letra y música de Serrat quedará —tan celoso como es Serrat con sus inéditas— esperando en el andén un tren que no llegará jamás.
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Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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