El cantante salteño Jorge Rojas ratificó anoche su poder de convocatoria en la séptima luna del Festival de Folclore de Cosquín con una propuesta cargada de giros melódicos, tímbrica rockera, sonoridad electrónica y efectos coreográficos.
Télam - Con ese espectáculo integral, por momentos salpicado con alguna cita al universo folclórico, Jorge Rojas pobló la plaza Próspero Molina con 12.000 espectadores, un número equiparable al obtenido por el Chaqueño Palavecino en la apertura y sólo superado por la movilización que generó Carlos “La Mona” Jiménez el martes pasado.
Rojas, que presentó una renovada formación musical y estrenó temas, fue el encargado de iniciar la programación de la séptima noche y para esa faena apeló, primero, a las canciones de corte melódico que expresan en forma cabal su perfil compositivo.
Allí aparecieron creaciones como Murallas, El secreto de mi vida, Adonde va el amor y el nuevo Uno mismo.
Al mejor estilo del Chaqueño, Rojas por momentos encadenó su repertorio sin pausa entre canción y canción para imprimirle al recital una sensación de vértigo.
En ese contexto, los contactos con el acervo folclórico se consumaban a través de las chacareras y, en menor medida, de alguna zamba, aunque más para servir de continente musical a los números coreográficos y danzables que por su propio valor musical.
La hora y media de espectáculo se desarrolló con una intensa fuerza sonora, a veces excesiva, producto de una propuesta que, al modo de un manifiesto estético, parece haber renunciado a los matices.
"Cosquín te atropella con su energía", aseguró Rojas una vez debajo del escenario. Su música, a veces, va en el mismo sentido.
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