Pocas sorpresas ayer en el concierto de Pedro Guerra en el Palau de la Música de Barcelona aparte de las ya anunciadas de la presencia de Luis Pastor y Miguel Ríos.
El trovador canario expuso básicamente el mismo repertorio de su último CD "Vidas en vivo". Fue un concierto muy correcto, con buenas canciones, buenos músicos y en un marco como el del Palau de la Música que es el ingrediente secreto que convierte un buen plato en uno inmejorable.
Pero Pedro Guerra pareció lucir cansado y quizás le faltó ese punto de emotividad y entrega a la que nos tiene acostumbrados. Esto, unido a ligeros problemas de afinación en las primeras canciones —problemas inusuales en Pedro seguramente provocados por una defectuosa monitorización—, convirtieron el principio del concierto en puro trámite.
El punto de inflexión tuvo lugar con la presencia en el escenario de Luis Pastor, amigo y cuñado de Pedro Guerra. Ambos nos ofrecieron una extraordinaria versión de "Ángel caído" con un Luis Pastor totalmente entregado y cuyo entusiasmo pareció contagiar al canario.
El otro invitado de la noche, Miguel Ríos, acompañó a Pedro en una de sus primeras canciones "Mujer que no tendré" y recibió una tremenda ovación fruto más del cariño y del respeto que de la propia interpretación que fue correcta pero prescindible.
En resumen, un buen concierto donde se recibió lo que se esperaba pero que no pasará a la historia.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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