Ramón Mejía “Perrozompopo” es una de las promesas de la música nicaragüense. Proviene de una familia de músicos que han marcado la historia de su país: los Mejía Godoy.
Su propuesta parte de la Nueva Música Nicaragüense urbana y renueva la canción de autor con su voz melódica, sus giros flamencos y una música muy fusionada.
Pertenece a una generación de cambios sociales e ideológicos que marcaron profundamente la brújula de su trabajo. La guerra, la pobreza, los mártires, la bala de la dictadura, hombres y mujeres desaparecidas, la niñez, la marginación, la iglesia, el silencio, la corrupción, los hijos, la canción, la guitarra armada, el autobús y el ladrón, el rostro silencioso de tanta gente del campo, la falta de letras y pupitres, los amigos, el amor, la desilusión, y las ideas que todavía existen debajo de los adoquines, se mezclan con la música de autor, el rock, la balada, el rap, el reggae, y otras influencias latinoamericanas.
Perrozompopo es el resultado de todas estas transformaciones y vivencias nicaragüenses de una generación perdida.
Dice Perrozompopo:
"Nicaragua es un país exótico y lleno de contradicciones, de amores y locuras incontenibles, un país de preguntas, un país con poder, religión, poesía y sociedad, un país donde la política, la cooperación internacional, las estrategias mundiales, las grandes transnacionales, nosotras y nosotros, como en la ensalada de Galeano, todos los días tomamos café y tratamos de arreglar el problema de nuestros pequeños mundos.
Aquí hay música que habla de eso.
Otro mundo es posible, aún cae agua de muchos ojos".
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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