El exilio es un camino de dos direcciones. Y se suele hablar demasiado de la presunta generosidad de los pueblos de acogida y muy poco de aquello que los recién llegados aportan a sus nuevos vecinos.
En la década de los setenta llegaron a Europa una oleada de músicos latinoamericanos —especialmente argentinos, uruguayos y chilenos— huyendo de las condiciones de sus respectivos países y nos obsequiaron con aquello que mejor sabían hacer.
Gracias a ellos pudimos escuchar las primeras canciones —ahora ya leyendas en el imaginario colectivo— de la Nueva Canción Chilena, del Cancionero Argentino o de la Nueva Trova Cubana. Nos enseñaron que había otras formas de hacer y decir canciones. Se quedaron con nosotros hasta que nos las aprendimos.
Más tarde, cuando nos cansamos de ellos, cuando los creímos juguetes rotos, los condenamos a un segundo exilio: el de la desmemoria.
Un hermano trovador dice que la muerte tiene la llave de todas la casas y entra y sale cuando quiere, pero que el olvido sólo entra en donde se deja la puerta abierta. Fernando González Lucini es hoy el sereno que va cerrando las puertas para que no corran tan impunemente los vientos del olvido.
El cantautor catalán Joan Manuel Serrat recibirá la máxima distinción académica de la UNCUYO en marzo, en una visita de tres días que incluirá un concierto homenaje con la Orquesta Sinfónica y un encuentro abierto con el público. La resolución destaca su compromiso con la libertad, la diversidad cultural y los derechos humanos.
La cantautora siciliana Carmen Consoli cantó ayer 22 de febrero en Paral·lel 62 de Barcelona dentro del Festival BarnaSants, en un concierto de doble estreno: la presentación en Barcelona de su nuevo disco Amuri Luci (Amor Luz) y su memorable encuentro en el escenario con la Orquestra de Músiques d’Arrel de Catalunya (OMAC).

Notas legales
Servicios
• Contacto
• Cómo colaborar
• Criterios
• Estadísticas
• Publicidad
Síguenos