El juez nicaragüense Julio César Arias ordenó la prisión preventiva del empresario Henry Fariñas, testigo del ataque y pieza clave en el atentado donde murió el trovador argentino Facundo Cabral, y quien está acusado en Nicaragua de tráfico de drogas, lavado de dinero y crimen organizado.
La imputación contra Fariñas incluye los cargos por los delitos de tráfico internacional de estupefacientes, crimen organizado y lavado de dinero, bienes y activos.
De esta forma, Arias, del Quinto Distrito Penal de Managua, ha aceptado la acusación presentada el pasado sábado por la Fiscalía, que también afecta a Pedro Fariñas, hermano del principal acusado, y a Hugo Sáenz, quienes fueron detenidos el pasado jueves, según consignó la agencia EuroPress citando al diario La prensa.
Arias también ordenó a la Superintendencia de Bancos solicitar información sobre las cuentas bancarias de las que los acusados son titulares y a la Dirección General de Ingresos (DTG) investigar las siete empresas de las que son propietarios para congelar sus fondos.
La acusación de la Fiscalía del Ministerio Público de Nicaragua acusa además a Fariñas de organizar "actividades comerciales" —entre las que se encuentra la contratación de Facundo Cabral— como "fachada (...) para justificar el dinero de actividades ilícitas como tráfico de drogas, tráfico de inmigrantes ilegales y trata de personas"
Fariñas, quien fue detenido el jueves cuando intentaba salir de Nicaragua, fue trasladado de las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), en el viejo centro de Managua, al local de los juzgados, al oeste de la ciudad, bajo estrictas medidas de seguridad.
El empresario nicaragüense logró sobrevivir al atentado en el que murió Cabral el 9 de julio del 2011 en Guatemala y que según declaró en ese país, estaba dirigido en su contra. Fariñas atribuye la autoría del ataque al costarricense Alejandro Jiménez, alias "El Palidejo".
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
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