![]() María Santucho y Víctor Casaus.
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Es una alegría y un honor recibir el Premio BarnaSants 2012 por diversas razones.
Por una parte, en primer término, debo dedicarlo y compartirlo con María Santucho, con quien hemos fundando en estos años A guitarra limpia y otros espacios del Centro Pablo de la Torriente Brau que han sido el eje del activismo cultural que este premio reconoce: la nueva trova, el arte digital, el diseño gráfico, la producción editorial, las nuevas tecnologías, la memoria... Junto a María están los integrantes de ese "pequeño ejército loco del Centro Pablo" que han hecho posible que los creadores de esas manifestaciones citadas hayan encontrado espacios de difusión, debate y reflexión sobre sus respectivas obras.
El trabajo que hemos realizado durante estos quince años me ha traído otra alegría excepcional: conocer y compartir con esas comunidades de artistas --la mayoría de ellos jóvenes-- que han apostado junto a nosotros a favor de la imaginación y la belleza. Ellos y ellas han hecho posible la existencia de esos sueños, de esos programas culturales que hemos desarrollado y defendido juntos durante tres lustros.
Este Premio BarnaSants viene, además, de los territorios del compromiso con la canción que nuestro amigo Pere Camps ha mantenido, a golpes de pasión y de inteligencia: el Festival de BarnaSants es uno de los principales eventos que defienden la poesía y la calidad musical, la ética de la creación artística y los sueños de un mundo mejor. En todas esas cosas somos cómplices eternos de Pere y del Festival. Y por todas esas cosas este Premio late fuerte y felizmente de lado izquierdo del pecho. Como debe ser.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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