La de Roger Mas se considera una de las voces más carismáticas de la canción catalana de todos los tiempos.
Si a esta circunstancia le añadimos el enorme talento que tiene por la música, demostrado desde su más tierna infancia, el resultado es del todo extraordinario. Desde su debut discográfico en 1997 con el disco Les flors del somni, que este artista nacido en la ciudad de Solsona no ha dejado de recibir un premio tras otro, a cual más importante, así como de recoger una lluvia continuada de elogios por parte de la crítica especializada. Su trayectoria muestra una inquietud artística fuera de medida: ha probado con la canción a la francesa; se ha dejado seducir por las frágiles melodías pop; ha musicado poetas como Jacint Verdaguer en la búsqueda de las raíces sonoras, y, últimamente, ha abierto su repertorio a la tradición, fusionando su sonido con el de la Cobla Sant Jordi, para obtener como resultado un diálogo musical tan intenso como emotivo. Y, lo mejor del caso, es que él se encuentra cómodo con todo lo que hace.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.

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