La carrera en solitario de Joan Isaac se tiene que dividir en dos.
La primera comienza a inicios de los 70, tras abandonar el grupo Nosaltres, y se prolonga hasta mediados de los 80 cuando decide abandonar la música quemado por la falta de oportunidades políticas y sociales que marcaron la etapa más oscura del mundo artístico catalán tras la muerte del dictador. Pero 14 años después vuelve reclamado por un público que no le había olvidado, hasta convertirse en uno de los cantautores mejor considerados del país. Joan Isaac —nombre artístico de Joan Vilaplana Comín— es un hombre que vive con pasión el arte de cantar. Sus canciones nos descubren a un artista de gran sensibilidad poética, más allá que durante su primera etapa versionó textos de escritores como Joan Salvat-Papasseit, Miquel Martí i Pol, Josep Carner o Jaume Vidal i Alcover. Influenciado en sus orígenes por la canción francesa, ha sabido crear un estilo propio con la mirada clavada en la realidad que le rodea, como ha dejado claro en canciones como A Margalida, dedicada a Salvador Puig Antich, una de las últimas víctimas condenadas a muerte por el franquismo.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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