| Sábado 12 de mayo Montevideo / Música Centro Cultural Florencio Sánchez (Cerro) Grecia 3281 20.30. Entrada libre | ![]() |
Guillamino es Pau Guillamet, un artista que debemos situar a caballo entre el pop y la música electrónica.
La suya es una mezcla ecléctica de varios estilos que van del hip-hop al dub, o el house a la sardana, creando una fusión sonora tan particular que le ha abierto las puertas del mundo y de escenarios tan lejanos como los de Japón o Chile. Es en este mestizaje sonoro donde encontramos el mejor ejemplo del espíritu inquieto de este barcelonés que, año tras año, se implica en más proyectos artísticos, ya sea en colaboración con otros músicos de la escena independiente catalana como los 12Twelve y del referente del jazz catalán Llibert Fortuny, o de poetas como Josep Pedrals. Creador inagotable, ha escrito sintonías para programas televisivos, montajes teatrales o espectáculos infantiles. Por todo ello, se puede decir que nos encontramos con un innovador de la escena musical del país, que aún está lejos de tocar techo. Como muy bien dijo el productor y DJ francés Gilles Peterson a raíz de su lanzamiento japonés, Guillamino es realmente alguien a quien hay que vigilar porque lo tiene todo.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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