No tendría más de cinco años la primera vez que en la habitación de Marié, mi hermana, escuché detenidamente las primeras canciones en castellano de Serrat: En cualquier lugar, En nuestra casa, Mis gaviotas,...
Aquello fue un descubrimiento. Me cautivó. A partir de ahí -y en años sucesivos- investigaría en lo que se llamó la Nova Cançó y presté atención a todo aquello que me oliese a cantautor.
Con ellos -la lista de mis favoritos es larga- aprendí a conectar con la poesía y acercarme al mundo con cierta sensibilidad; a huir de la simpleza, de una visión maniqueísta del mundo... En fin, conformaron, y aún sigue siendo así, la banda sonora de mi vida.
El tiempo me ha hecho un hombre y con el tiempo aprendí una profesión: la de fotógrafo.
Es por medio de las imágenes que hoy rindo homenaje a los hombres y mujeres que en cualquiera de los idiomas de nuestra piel de toro, que decía Espriu, dejan testimonio musical de nuestro tiempo, nuestros sueños y nuestra -inevitablemente mezquina- realidad cotidiana.
En un mundo donde la comunicación está controlada y mediatizada para uniformar a los individuos, desarmarlos de propósitos que vayan más allá de intereses meramente económicos y personales, es de agradecer la existencia de estos músicos que cantan. Por muchos años.
Juan Miguel Morales
Al tite Juan y a la abuela Carmen, siempre en mi corazón.
Especialmente a Maru, mi madre.
A la memoria de Carlos Cano.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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