La anomalía que supone el Barnasants se ha hecho más y más grande: tenemos un escaparate consagrado a músicas sensibles que ya no se cuela en nuestra agenda por una rendija, sino que ocupa un espacio central en los inviernos barceloneses. Celebrémoslo, ya que los altavoces de las músicas ajenas a las corrientes dominantes no abundan, y el Barnasants ha hecho crecer lo suyo sin alimentarse de los grandes nombres de consumo y, al mismo tiempo, sin aura alternativa; como una isla de creación.
Es bueno, sin embargo, que un festival viva en permanente estado de crisis, entendiéndola en positivo, como alerta creativa. Hoy, la etiqueta de canción de autor no tiene las mismas connotaciones de lo que hace una, dos o tres décadas. La sensibilidad poética no es patrimonio exclusivo de ningún género musical y, por eso, el Barnasants tiene la oportunidad de abrazar propuestas que podemos continuar calificando como de autor y con la cual, a pesar de las raíces diferentes, tiene muchas cosas en común.
¿Cómo imagino mi Barnasants ideal? Lo veo trabajando en sintonía con los narradores hijos de la cultura pop, renovando su apoyo a los creadores catalanes emergentes, elaborando complicidades con las culturas vecinas (no sólo la española y latinoamericana; también del ámbito europeo), y estimulando, como siempre, la creación libre, "sin dios ni amo ", como cantaba Léo Ferré. Adelante.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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