Santiago, 25 de Septiembre de 1973
El silencio es total, solo se oye el insistente ruido de las máquinas filmadoras venidas de todas partes del mundo. Miles de personas forman el silencioso cortejo fúnebre que acompaña los restos mortales del poeta Pablo Neruda. De pronto alguien grita: Sube a nacer conmigo... Después otro poema: Venid a ver la sangre por las calles. El cortejo responde: ¡Venid a ver la sangre por las calles! Al llegar al cementerio, los militares que habían seguido el cortejo, rodean el campo santo. Se leen más poemas de Neruda; sus versos van de una boca a otra. El féretro es introducido en el nicho. Un grito rompe el murmullo: Compañero Pablo Neruda, miles de voces responden, Presente!!. Compañero Salvador Allende. Presente!!. Compañero Víctor Jara. Presente, ahora y siempre!!. Después, poco a poco un murmullo va subiendo de volumen, todos cantan La Internacional. Era el último acto de la Unidad Popular y el primero de la resistencia.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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