![]() MIQUEL PUJADÓ © Juan Miguel Morales |
Se oye hablar por primera vez del catalán Miquel Pujadó a finales de los 70. Entonces era un joven universitario pero ya hacía canciones y daba conciertos. A comienzos de los 80 edita su primer LP. Y es el inicio de una larga carrera, prolífica y ascendente en calidad. Muy influido por la canción europea en general y muy particularmente por la francesa -Brassens es uno de sus favoritos y le ha dedicado toda una trilogía con adaptaciones en catalán-, sus textos no tienen desperdicio. Agudo, irónico, crudo, mira desde una perspectiva muchas veces inusual.
Algunos discos: "Temps avall" (Picap, 92), "Brasa de fènix" (Urantia Records, 95), "Núvols i clarianes" (Columna, 97), "Somriures que mosseguen" (Columna, 99).
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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