![]() MIQUEL PUJADÓ © Juan Miguel Morales |
Se oye hablar por primera vez del catalán Miquel Pujadó a finales de los 70. Entonces era un joven universitario pero ya hacía canciones y daba conciertos. A comienzos de los 80 edita su primer LP. Y es el inicio de una larga carrera, prolífica y ascendente en calidad. Muy influido por la canción europea en general y muy particularmente por la francesa -Brassens es uno de sus favoritos y le ha dedicado toda una trilogía con adaptaciones en catalán-, sus textos no tienen desperdicio. Agudo, irónico, crudo, mira desde una perspectiva muchas veces inusual.
Algunos discos: "Temps avall" (Picap, 92), "Brasa de fènix" (Urantia Records, 95), "Núvols i clarianes" (Columna, 97), "Somriures que mosseguen" (Columna, 99).
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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