![]() JOAQUÍN SABINA © Juan Miguel Morales |
Joaquín Sabina es un madrileño de Jaén. Después de vagabundear por el mundo recala en Madrid y allí desarrolla las pautas de lo que será su propuesta musical. Graba a finales de los 70 un disco, "Inventario", con arreglos de corte clásico muy diferentes a sus trabajos posteriores, que pasa desapercibido. Se da a conocer popularmente a comienzos de los 80 con el espectáculo, y el disco que editan, que junto a Javier Krahe y Alberto Pérez presentan en el pub madrileño La Mandrágora. A partir de aquí el fenómeno Sabina será imparable. Musicalmente muy cercano al Bob Dylan más eléctrico -aunque de vez en cuando se atreva con un rap o una ranchera- elabora textos que hablan de la calle, de la ciudad, de nuestras verdades escondidas y de nuestras mentiras de escaparate. Todo un talento para desenmascarar mordazmente el mito de la pareja.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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