El barcelonés Guillamino y el menorquín Cris Juanico optaron por irse turnando en sus interpretaciones. Ritmos brasileños y aromas mediterráneos para una velada que acabó con el público en pie.
![]() Pau Guillamet, Guillamino.
© Josep Maria Hernández Ripoll
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Los problemas técnicos surgidos el pasado miércoles día 9, quedaron subsanados en el Centro Cultural Florencio Sánchez de El Cerro, y el cantautor menorquín Cris Juanico pudo actuar finalmente el sábado por la noche compartiendo escenario con el artista barcelonés Guillamino.
La solución salomónica de que uno y otro se fueran alternando en las interpretaciones, en vez de dividir el concierto en dos, ha de valorarse como un acierto ya que de esta manera se creó un ambiente más distendido y ameno. Un duelo ficticio de ritmos y voces en el que no hubo ni ganador ni vencido.
Guillamino rompió el hielo con Natura morta y Cris Juanico lo hizo con Passa sa gent. A partir de aquí resultó sumamente interesante esta alternancia en la que ambos músicos intercambiaron presencias y repertorios. Guillamino optó por los ritmos brasileños, mientras que Cris Juanico recordó viejas piezas de cuando militaba en el grupo Ja T’Ho Diré, como L’univers.
Si bien el barcelonés ofreció un tema que nunca anteriormente había tocado en directo, hablamos de Demà a les 3 de la matinada; inspirado en un cuento del escritor Pere Calders; Juanico recurrió al poeta de su isla, Gumersind Riera, para cantar Se.
En los compases finales, Guillamino presentó Dorm nena i Cris Juanico Loca somera, con los que recibieron una cálida ovación de despedida por parte del atento público que desplazado hasta El Florencio.
![]() Cris Juanico.
© Josep Maria Hernández Ripoll
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Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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