El Repentismo, el arte de cantar décimas improvisadas, una de las manifestaciones más genuinas de la música campesina cubana fue declarado este martes Patrimonio Nacional, en ceremonia efectuada en el estadio Nelson Fernández, de San José de las Lajas, Mayabeque.
![]() Los repentistas cubanos Héctor Gutiérrez y Tomasita Quiala cantan durante la Serenata de la Fidelidad, el 12 de Agosto de 2011, La Habana, Cuba.
© Calixto N. Llanes/Juventud Rebelde
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AIN - Gladys Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, en la resolución que avala esa categoría, destacó que la décima cantada y sus expresiones de tonadas, punto cubano, controversia y pie forzado, surgieron como manifestación de los hombres del campo, pero en la actualidad se extiende a todo el país, incluso al ámbito citadino.
Dijo que este tesoro cultural inmaterial es todo un símbolo de la identidad del pueblo cubano, que a lo largo de los siglos ha tenido cultores tan populares y queridos como Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí), Adolfo Alfonso y Justo Vega.
Ellos, junto a otros muchos, preservaron y enriquecieron un legado espiritual, todavía vivo y en constante renovación, manifestó.
Durante el acto, Luís Paz (Papillo), director del Centro Iberoamericano de la Décima Cantada y el Verso Improvisado, entregó al puertorriqueño Antonio Rivera Colón (Tony Mapeyé), uno de los Premios Internacionales Cubadisco 2012, por la destacada calidad con la cual, junto a su grupo, defiende la música boricua.
En la parte cultural la eminente repentista Tomasita Quiala y el joven Albertico Rojas, improvisaron décimas para festejar el alto honor que el Repentismo y la música campesina recibieron con la declaratoria de Patrimonio Nacional, categoría anteriormente concedida a La Tumba Francesa y a La Rumba.
Como nota pintoresca y de gran atractivo popular, el estadio mayabequense también acogió un juego de béisbol en el cual se enfrentaron un equipo integrado por repentistas y otro por miembros del Centro Promotor del Humor.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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