El Gobierno camboyano declaró la guerra a las canciones con letras ‘picantes’. Lo hizo al emitir una orden para frenar la difusión y venta de música con contenidos considerado pornográficos o de lenguaje vulgar.
EFE - La reciente iniciativa del Gobierno emplaza a toda la sociedad camboyana, desde la industria discográfica, los artistas y los medios, hasta los consumidores, a que dejen de producir, componer, emitir, comprar y vender este tipo de composiciones.
“Que no las compren ni las canten ni las pongan en fiestas y bodas”, pidió el director general de Administraciones del país, Sim Sarak. La orden, emitida hace unas semanas por el ministro de Cultura, Him Chhem, considera que estas músicas suponen “un serio agravio para las costumbres, las tradiciones y los valores sociales del país”.
El titular de la Cartera de Cultura amenaza con tomar medidas legales contra todo aquel que no respete esta decisión.
Entre las canciones que más han irritado a los responsables de velar por la moralidad de la cultura nacional está Krapeu min toan Thom, que significa ‘El cocodrilo que todavía no ha crecido’, pero que puede ser interpretado como ‘Envejeciendo sin haber tenido relaciones sexuales’, según cómo se pronuncie en la lengua jemer.
Otro título proscrito por el Ejecutivo es Khloy Ta Chean o ‘La flauta del abuelo Chean’, que según cómo se pronuncie puede significar ‘Sed de sexo’.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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