El Plenario del Consejo Municipal del Ayuntamiento de Barcelona decidió ayer otorgar la Medalla de Honor de la Ciudad al Festival de canción de autor BarnaSants.
![]() El Plenario del Consejo Municipal del Ayuntamiento de Barcelona reunido ayer.
© BarnaSants
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El Ayuntamiento de Barcelona acordó ayer otorgar la Medalla de Honor de la Ciudad al Festival BarnaSants, por su proyección dentro del panorama musical actual como oferta de calidad y plataforma de nuevos talentos y por su apuesta decidida por la lengua catalana desde sus orígenes.
Este galardón se suma al anunciado hace pocos días en que otorgaba el Premio Nacional de Música al director del BarnaSants, Pere Camps, por la creación y dirección del Festival de Cançó de Barcelona, un certamen de referencia en la canción de autor.
La Medalla de Honor de Barcelona es un galardón municipal que fue creado en 1997 para conmemorar el centenario de las anexiones en la ciudad de Barcelona de diferentes pueblos y villas. Es por ello que este galardón incide muy especialmente en el concepto territorial de los distritos.
Con la Medalla de Honor, el Ayuntamiento quiere reconocer la conciencia ciudadana, la convivencia y las virtudes y los valores cívicos a aquellas personas y entidades que lo hacen desde su labor profesional o asociativa, ya sea en el ámbito de la participación, el voluntariado, el asociacionismo, el deporte o la cultura.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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