El gaitero Carlos Núñez, que se prepara para llevar su música de gira por Estados Unidos, ha confesado que siempre se ha sentido "indie", incluso antes de que empezase a utilizarse esa palabra: un artista que ha ido construyendo su carrera desde abajo, "ladrillo a ladrillo".
EFE - "En la música celta hemos sido indies desde siempre, hemos tenido que hacer el esfuerzo de ir a buscar a la gente", ha dicho hoy, en un encuentro con periodistas, Carlos Núñez, este músico gallego internacional, quien emprenderá una gira de un mes por Estados Unidos que le llevará "de costa a costa".
Otro país americano, Brasil, ha sido uno de los protagonistas del concierto al aire libre que ha ofrecido la pasada noche en el Palacio de la Magdalena, dentro del ciclo que ha organizado la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UMP) para celebrar el centenario del edificio que en los años treinta se convirtió en la sede de sus cursos de verano.
En ese concierto han sonado temas de Alborada do Brasil, su último trabajo, dentro de un recorrido musical por quince años de carrera y de directos, ha explicado Carlos Núñez, quien ha añadido, en un rápido cálculo, que en ese tiempo ha actuado junto a su banda 1.500 veces por el mundo, a razón de unos cien conciertos al año.
Esa es la tónica que piensa seguir el músico, que, según ha asegurado, le tiene "cierto miedo a los parones" y a quien no le gusta la pauta "disco, gira, año sabático" que habitualmente se sigue en el rock porque cree que es "peligrosa" y ha visto a "mucha gente perder la estrella".
También ha visto a muchos colegas en España que, al hacerse famosos, no se plantearon coger un autobús y salir de gira por Europa porque "en España se vivía muy bien". Ahora a los jóvenes músicos, en estos momentos de crisis, les recomienda que salgan fuera, como han hecho muchos artistas que han ido haciéndose un público "desde abajo" y siguen en escena después de décadas.
"Me gustaría invitar a los jóvenes músicos a que no caigan presas del pesimismo, sino todo lo contrario, a que, con mucha valentía, salgan a morder el polvo, a viajar por el mundo", ha aconsejado, antes de afirmar que darse a conocer a través de los medios puede ser "fantástico" y "muy cómodo" pero también "muy fugaz".
A su juicio, el actual es un momento "de cambio a todos los niveles" en el que la gente está muy preocupada por cuestiones como la subida del IVA. "Yo estoy convencido de que este es un momento de transición y de que la subida del IVA es un punto más de muchos dentro de una fotografía general", ha opinado.
Carlos Núñez define la música celta como el "flamenco del Atlántico" y considera que ahora que se habla tanto de la marca España habría que mirar más a esa zona del país.
Ha defendido que las crisis son también momentos de renovación y ha invitado a que el Atlántico no se olvide, porque es tan español como el Mediterráneo. "Y es posible que tenga cosas nuevas que ofrecer", ha apostillado.
Núñez ha buceado en la tradición de Brasil, a donde la gaita llegó en el siglo XVI para transformarse después, ha colaborado con Ry Cooder en Cuba y ha llevado su música de raíz a México, entre otros países.
A su juicio, en los ritmos de América existe "un hilo mágico" que conecta el continente de California al Cono Sur, además de "cantidad de cosas por hacer", pero también, a su modo de ver, Latinoamérica está "un poco presa de los códigos turísticos, de los topicazos".
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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