El percusionista argentino Martin Bruhn presenta Criollo, una nueva forma de encuentro entre la electrónica y la música folclórica de Latinoamérica, un proyecto donde el espíritu de las tradiciones populares se mantiene intacto, mezclándose con las nuevas tecnologías y donde sus ritmos son los protagonistas absolutos.
Criollo, el nuevo disco del percusionista cordobés Martin Bruhn, es una nueva forma de encuentro entre la electrónica y la música folclórica de Latinoamérica, un proyecto donde el espíritu de las tradiciones populares se mantiene intacto mezclándose con las nuevas tecnologías y donde la vitalidad de sus ritmos es la protagonista absoluta.
Grabado en diferentes partes del mundo y editado por Viento Azul (el sello discográfico independiente de Lisandro Aristimuño), Criollo cuenta con las participaciones de Raúl Carnota, Carlos Aguirre, Tomas Gubitsch, el propio Lisandro Aristimuño, y otros.
"Este disco fue grabado en muchísimos sitios que ni yo me acuerdo, cada una de estas grandes personas mandó desde donde estaba su grandísimo y necesario aporte para esta música", cuenta Martin Bruhn.
Martin Bruhn nació en Córdoba, Argentina en 1976. De niño comenzó su formación en batería y percusión folclórica y a los 20 años viajó a Nueva York, donde residió un año tocando y estudiando con gente de la escena americana, como Satoshi Takeishi, Portiniho, etc. En 2001 se radicó en Madrid donde vive actualmente.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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