Quizás porque nací en un país donde Francisco Franco era el Caudillo por la gracia de Dios, siempre he sido muy crítico con los dioses. Y es quizás por eso que me gusta ver equivocarse a estas personas que con frecuencia uno tiende a sentarlos a la derecha —o a la izquierda según se mire— de Nuestro Señor. Eso los hace más humanos y menos divinos. Más falibles y, por lo tanto, mucho más cercanos a mí y a la gente que quiero.
Creo sincera y humildemente que Serrat —muy poco dado a equivocarse— no debió pasearse por La Monumental de Barcelona, en tendido cero y con sombrero Panamá de la mejor manufactura ecuatoriana, dando el cante con gente de malvivir, conociendo como conoce la trascendencia pública de sus acciones.
No obstante, seguramente si hubiera sido otro, lo habría vestido de acto de "solidaridad con el pueblo español" y la estúpida quema de sus CD's en el exterior, como "acto de agresión contra la Cataluña plural". Fue porqué le dio la gana. Esto no lo exculpa de dar soporte a actos tan salvajes, pero como mínimo nadie puede darse a engaños.
No creo que un error como éste, inhabilite una carrera como la de Serrat, ni justifique —como afirma mi amigo Fran Espinosa— un descrédito hacia los valores de nadie. Al fin y al cabo todos perdimos la inocencia con una corrida.
Martirio llevó el pasado domingo 12 de abril al Auditori de Barcelona, en el marco del Ciclo de canción de autor BarnaSants, su espectáculo Al sur del tango, una propuesta que enlaza las raíces compartidas entre Argentina y España desde una interpretación que es tanto voz como gesto y emoción.
La cantante, flautista y compositora catalana Magalí Sare presenta Descasada, un trabajo entre la investigación antropológica y la libertad musical. Sare se sitúa en una escena de mujeres altamente formadas que han redefinido la canción de autor contemporánea.

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