Insinúa mi buen amigo Fran Espinosa en el tercer capítulo de este largo culebrón sobre corridas y trovadores que en CANCIONEROS.COM se selecciona a los trovadores en función de su lugar de nacimiento. El amigo Espinosa intenta hacerme entrar en un jardín donde no pienso poner los pies. Sus insinuaciones son autocontestadas con la suficiente contundencia tan sólo observando la nómina en el apartado cancioneros y añadiendo los que están en construcción. Perder 10 segundos más en este tema es perder más tiempo de lo que el tema merece.
Sí le voy a dar la razón cuando se queja del mal trato por parte de la prensa catalana —la prensa en general— que ha recibido Serrat con respecto a Sabina. Pero es normal que sea así. Sabina nos tiene acostumbrados a los actos un tanto canallas: abrazar a Jesús Gil, casarse con la hija de un ministro ex-franquista de UCD, invitar a cenar a su casa al príncipe borbón, frecuentar la compañía de mujeres de labios que mienten al besar, ingerir sustancias de todo tipo preferentemente ilegales y aspirar el humo en combustión de cualquier vegetal. ¿Cómo nos va a sorprender que eleve la sangre, la tortura y la muerte a la categoría del arte, la cultura y la tradición? Al fin y al cabo a Sabina le pedimos lo que le pedimos a cualquier trovador: que haga buenas canciones, buenos discos, buenos conciertos y que nos mienta poco, y que cuando lo haga, al menos que lo haga con una sonrisa. Una sonrisa para la gente sensible es como la vaselina para los habitantes de Sodoma.
Pero Serrat es otra cosa. De entrada, la principal diferencia entre Serrat y Sabina es que Serrat es Serrat y Sabina no. Y Serrat nos tiene muy mal acostumbrados y por eso le pedimos más. Le exigimos que esté a la altura de su obra. Y que, de tanto en tanto, cometa algún error para que no vaya por ahí atufando tanto a dios.
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Tras la publicación del disco Tinc una casa al mar, Joan Isaac vuelve a editar un nuevo trabajo: Azimut, en el que se encuentra acompañado por el músico y compositor Eduard Iniesta. Durante 2023 fue publicada una recopilación antológica de la obra del artista, compuesta por veinticinco cedés, como parte de la conmemoración de sus cincuenta años de oficio y 70 de vida, que culminó con un gran concierto en El Palau de la Música catalana y la edición de Joan Isaac al Palau en 2024. Azimut es su más reciente creación, una obra protagonizada por unos textos profundamente poéticos, vestidos fundamentalmente por voz y cuerdas.
Hay discos que no necesitan levantar la voz. Azimut es uno de ellos. Joan Isaac presenta un trabajo hecho desde la contención, desde ese lugar donde la canción deja de ser ornamento para convertirse en algo casi necesario. Un disco minimalista, preciosista, trabajado con una delicadeza profundamente orgánica. Como todo en Isaac, un acto de fe.

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