Insinúa mi buen amigo Fran Espinosa en el tercer capítulo de este largo culebrón sobre corridas y trovadores que en CANCIONEROS.COM se selecciona a los trovadores en función de su lugar de nacimiento. El amigo Espinosa intenta hacerme entrar en un jardín donde no pienso poner los pies. Sus insinuaciones son autocontestadas con la suficiente contundencia tan sólo observando la nómina en el apartado cancioneros y añadiendo los que están en construcción. Perder 10 segundos más en este tema es perder más tiempo de lo que el tema merece.
Sí le voy a dar la razón cuando se queja del mal trato por parte de la prensa catalana —la prensa en general— que ha recibido Serrat con respecto a Sabina. Pero es normal que sea así. Sabina nos tiene acostumbrados a los actos un tanto canallas: abrazar a Jesús Gil, casarse con la hija de un ministro ex-franquista de UCD, invitar a cenar a su casa al príncipe borbón, frecuentar la compañía de mujeres de labios que mienten al besar, ingerir sustancias de todo tipo preferentemente ilegales y aspirar el humo en combustión de cualquier vegetal. ¿Cómo nos va a sorprender que eleve la sangre, la tortura y la muerte a la categoría del arte, la cultura y la tradición? Al fin y al cabo a Sabina le pedimos lo que le pedimos a cualquier trovador: que haga buenas canciones, buenos discos, buenos conciertos y que nos mienta poco, y que cuando lo haga, al menos que lo haga con una sonrisa. Una sonrisa para la gente sensible es como la vaselina para los habitantes de Sodoma.
Pero Serrat es otra cosa. De entrada, la principal diferencia entre Serrat y Sabina es que Serrat es Serrat y Sabina no. Y Serrat nos tiene muy mal acostumbrados y por eso le pedimos más. Le exigimos que esté a la altura de su obra. Y que, de tanto en tanto, cometa algún error para que no vaya por ahí atufando tanto a dios.
+0
+0
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

Notas legales
Servicios
• Contacto
• Cómo colaborar
• Criterios
• Estadísticas
• Publicidad
Síguenos