El cantautor falleció la madrugada de ayer a los 87 años en una clínica de la ciudad de Corrientes capital, luego de estar internado durante el fin de semana debido a una recaída en los problemas respiratorios que lo aquejaban.

Nacido en la ciudad correntina de Mburucuyá, Miqueri formó en 1946 junto a su primo "Tito" Miqueri en bandoneón y "Fortú" Fernández en acordeón el Trío Pasionaria.
Ya en los inicios de la década del 50, fue invitado por el músico Eustaquio Miño para incorporarse a Los Gauchos de Mburucuyá.
Luego fue convocado por Don Tránsito Cocomarola para incorporarse a su trío, donde dejó inolvidables piezas como Ilusión perdida, Monte refugio, Amor supremo y Mi selva eterna.
En dos ocasiones conformó el conjunto Vera-Lucero, para luego como solista editar los discos Sólo rumores y Sin rencores ni reproches.
Fue en 1998 cuando fundó el conjunto Trébol de Ases con Avelino Flores y Antonio Niz y agrupación por la que hasta la actualidad pasaron músicos como Alfredo Almeida, Tito Roldán, Oscar Mambrín y el presentador y glosista "Quico" Vallejos.
Miqueri dejó para el cancionero chamamecero y popular obras de la talla de Imploración, Mburucuya poty, Rincón dichoso, Mi juramento, Retorno, Mi última flor, Afán de olvido, Evocando recuerdos y Viejo sendero.
El Senado de la Nación lo reconoció por su aporte a la cultura popular y fue declarado ciudadano ilustre en Corrientes y en su Mburucuyá natal.
En las escalinatas del Teatro Oficial Juan de Vera, ante el féretro, con música y emotivas palabras se ha dado hoy el último adiós al ícono de la música litoraleña. Han participado en el acto, familiares y amigos del artista, autoridades del gobierno provincial y público en general, que despidieron al baluarte chamamecero de Mburucuyá, antes de su traslado al cementerio San Juan Bautista de esta ciudad.
El Cancionero y Discografía de Violeta Parra, impulsado por cancioneros.com, continúa siendo una de las investigaciones documentales más importantes dedicadas a la universal artista chilena. Cuatro años de investigación permitieron recuperar 520 canciones, reconstruir su discografía, corregir numerosos errores históricos y fijar datos fundamentales sobre una de las figuras esenciales de la música latinoamericana.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.

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