El documental El símbolo y el cuate, que plasma la relación de los cantantes Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina con Latinoamérica, llegará a la gran pantalla el próximo 26 de septiembre y repasará también las peripecias de ambos cantautores que en 2007 fijaron su unión con la gira Dos pájaros de un tiro, que repitieron cinco años más tarde.

EP - Dirigida por el periodista catalán Francesc Relea, la película muestra la importante influencia que han tenido sus canciones y letras sobre varias generaciones durante sus 30 años de lucha por la democracia y las libertades; en la producción aparecen, entre otros, el actor argentino Ricardo Darín o el escritor uruguayo Eduardo Galeano.
La historia comienza en Maó (Menorca) y continúa en Rota (Cádiz), donde Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina escriben conjuntamente las canciones de La orquesta del Titanic, el disco de su segunda y última gira juntos por América, tierra que les acogió varias décadas atrás y a la que guardan “gran amor”, tal y como ha afirmado la productora en un comunicado oficial.
Serrat estuvo 45 años viajando por América Latina, a causa de que fuera considerado “persona non grata” por la dictadura franquista y tuviera que marchar al exilio; en un primer momento estuvo en México, pero más tarde vivió en Argentina y Chile.
Por otro lado, Sabina llegó más tarde a América: primero en Argentina donde se dio a conocer con su estilo rockero o sentimental con tangos, y después en México, donde ya antes de llegar él cantaban el famoso Y nos dieron las diez, sin saber que la había escrito Sabina.
El nombre del documental ve su origen en la caricaturización que hicieron los latinos de ambos artistas: Serrat como el símbolo y referente de toda una generación que le venera por su ansia de libertad y lucha, y Sabina como el cuate, la palabra mexicana que describe al amigo, colega o cómplice.
Pasión Vega presenta en concierto su nuevo disco Pasión Almodóvar con una selección de canciones que forman parte del universo cinematográfico del director manchego Pedro Almodóvar.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.

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