La editorial Navona acaba de publicar Los caminos que no llevan a Roma, una obra que reúne el pensamiento e ideario del poeta y cantautor francés Georges Brassens bajo el subtítulo de «Reflexiones y máximas de un libertario».
Cuenta el premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez que hace algunos años, en el transcurso de una discusión literaria, alguien le preguntó quién era, en su opinión, el mejor poeta contemporáneo de Francia. Sin dudarlo, respondió: "Georges Brassens".
Ciertamente Georges Brassens es, seguramente, el trovador francófono más versionado, lo que es, en cierta medida, un barómetro para determinar la influencia de su obra y su pensamiento.
"En suivant les chemins qui ne mènent pas à Rome" es un verso de su canción más conocida, La mauvaise réputation, y da título a este libro que publica ahora la editorial Navona en su versión española, Los caminos que no llevan a Roma, traducida por Joachim de Nys y también en su versión catalana Els camins que no duen a Roma, traducida por Emili Manzano.
Un título, que sumado al subtítulo del libro Reflexiones y máximas de un libertario, da, desde la portada, pistas claras del pensamiento de Brassens, recogido en máximas y citas del célebre cantautor.
Atravesando su vida y sosteniendo su obra, el libro discurre por un hilo conductor: un pensamiento al que ha preferido llamar ética. No es un pensamiento estancado en certezas, no un manual de axiomas y de grandes principios, sino más bien una meditación episódica, un cuestionamiento tumultuoso, una serie de interrogaciones sucesivas que desembocan en respuestas frágiles y provisionales.
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