Hay personas a las cuales nunca les han emocionado las palabras, nunca les ha emocionado la audición de ninguna melodía. Y así van arrastrando su prepotencia. Y me viene a la memoria la figura del capitán Gerd Wiesler (Ulrich Mühe), uno de los protagonistas de la impresionante película "Das leben der anderen" ("La vida de los otros"). Quien la haya visto y la recuerde seguro que admitirá que el momento clave de la historia se produce cuando Wiesler, cumpliendo exactamente su obligación como miembro de la Stasi, escucha las palabras del dramaturgo Dreyman (Sebastian Koch) y de fondo la melodía de la "Sonata del buen hombre" y le cae una lágrima, la lágrima liberadora. Estas lágrimas sublimes que te hacen darte cuenta de la capacidad que tienes de hacer aquello que es correcto por más que te hayas adentrado, primero, por caminos equivocados. Y la obligada impasibilidad, y la abnegación. La música y las palabras. Ninguna persona capaz de escuchar con emoción según qué melodías no puede ser mala.
El cantautor chileno Manuel García inició su gira española el 17 de octubre en el CAT de Barcelona con un concierto de más de dos horas, organizado en cuatro bloques que recorrieron su repertorio, sus raíces musicales y algunas de sus influencias. Una actuación especialmente cuidada, marcada también por la muerte de su padre tres días antes.
Publicaba ayer el periodista musical Jordi Bianciotto, en El Periódico de Catalunya, un artículo sobre el fracaso del Feroe Festival, cuya segunda edición, impulsada por el periodista y promotor Albert Puig, se ha cancelado por la escasa venta de entradas.

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