"Entre Latinoamericanos nos vamos conociendo las mañas y aprendimos a disfrutar las diferencias en lugar de padecerlas", evaluó el cantautor Kevin Johansen tras girar por la región con su disco Bi, mientras prepara el show de este sábado en el Gran Rex, donde reeditará su clásico concierto de Fin de Fiesta junto al dibujante Liniers.

Télam - A poco más de un año de haber presentado Bi, el disco doble que reunió la impronta inconfundible del folclore regional con un sonido más poderoso y rockero, el músico Kevin Johansen celebra el mestizaje latinoamericano que descubrió en sus conciertos por diferentes países.
"Cuando viajas te vas dando cuenta cómo nos fuimos acercando todos. Hay algo de empatía sincera, de celebración de nuestra diversidad que está buenísima y que va forjando una identidad musical latinoamericana", resaltó quien además es creador del festival El Vecinal, encuentro que reúne artistas de la región con poca prensa internacional.
"¿Por qué vienen Dios y María Santísima de Europa y Estados Unidos y no la mejor banda de Chile o Paraguay? A partir de esa pregunta decidí armar festivales itinerantes como una forma de alimentar ese espíritu de confraternidad cultural que está cada vez más presente", reflexionó el autor de Sur o no sur.
Hoy, mientras prepara la salida de Bi (s), el segundo libro de collage que editarán junto al dibujante Liniers por Ediciones La Flor, a Johansen sólo le queda despedir el año a su manera: con un concierto en el Gran Rex y a pura liturgia festiva junto a su banda The Nada y el autor de Macanudo.
¿Qué tenés en mente para el Fin de Fiesta de este año?
Es la quinta vez que lo repetimos y, como diría el Bambino, la base está. La idea es hacer un poco lo que hacemos siempre: Liniers en su escritorio de dibujante, los The Nada, invitados amigos y a desinflarnos con el público después de un año intenso. Son espectáculos más descontracturados, vamos a subir entre el público, tirar aviones y hacer lo que hacemos siempre.
¿Qué es lo que más disfrutas de tocar en vivo?
Esa sensación de estar sin red, de no saber qué te espera, del aquí y ahora que te impone el vivo. Me encanta eso porque más allá de que lo tengas guionado y sepas el feng shui de la lista yo vuelvo loco a mis músicos, porque como se saben todas las canciones y eso me permite improvisar siempre.
¿Qué parte artística tuya se satisface con la edición de un segundo libro?
Primero fue Oops! en 2009 y ahora sacamos Bi (s), que la idea fue que como los discos físicos ya no ponen las letras, aprovechamos que un álbum doble tiene un montón y era ideal para sumarle fotos, collages, afiches, dibujos. Para mí es como un regalo: desde Ediciones La Flor me preguntaron si quería escribir algo y yo pensé en las canciones, en que podíamos empezar por ahí.
Hace más de un año que Bi salió a la venta. En tiempos de singles, hits y las descargas por Internet, ¿Cuál es el balance de haberte atrevido a sacar un disco doble?
Siempre, en cualquier caso, el desafío es que los temas perduren. Aunque sólo algunos tienen esa chance. En el caso de Bi tuve una buena sensación, porque con esa cosa dual que tiene fue ideal para seguir acaparando: al público cautivo que está y que es del palo más folclórico, de música latinoamericana; pero también a los desprevenidos que se pueden enganchar con temas más modernos, de rock.
De hecho, a una semana de su lanzamiento el disco se convirtió en número uno de descargas pagas por Internet en América Latina….
Sí, al principio el tema de Internet te genera cierta ansiedad, pero después te das cuenta que la música está en el aire, que es invisible, intangible y que es un fenómeno espacial muy extraño. Los únicos poros que no podemos cerrar son los oídos así que bienvenido sea. El bacalao se corta en el vivo, es el nuevo fenómeno.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.

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