La exquisita cantante argentina Lidia Borda inició anoche una serie de conciertos en Café Vinilo (Buenos Aires, Argentina), donde además de cautivar a partir de algunos tangos, sorprendió a un cálido público al abordar con naturalidad y solvencia un repertorio yupanquiano que prepara para un nuevo disco.
Télam/Romina Grosso - Si bien sus seguidores saben muy bien que Lidia Borda se caracteriza por no permanecer en lugares cómodos sino por salir a buscar desafíos, lo cierto es que anoche impactó al estrenar un cancionero folclórico atravesado especialmente por la obra de Yupanqui.
Chacarera de las piedras, Piedra y camino y La pobrecita, son algunos de las personales versiones que estrenó en un recital plagado de matices y en el que su voz, su modo de expresar, su afilada afinación y la prudente utilización de sus infinitos recursos, fue protagonista.
"Nos convocaron para grabar y presentar en la Feria del Libro de París un material con la obra de Yupanqui —dentro de un homenaje que también se le realizará a Julio Cortázar—. Estamos en esta tarea de trabajar en una obra tan vasta e inabarcable", contó la cantante que ya venía incluyendo folclore en sus discos.
Una de las perlas de la noche fue Siempre, una cueca tucumana de la que únicamente se conoce la grabación del cantor y guitarrista José Berón.
El momento más bello llegó de la mano de En un corralón de Barracas, tango que compuso Juan "Tata" Cedrón en base a un poema de Homero Manzi y Cátulo Castillo y al que le siguió la milonga campera El alazán, que Yupanqui dedicó a su caballo.
Con la profunda Palabras sin importancia y la maravillosa Eche 20 centavos en la ranura, Cedrón —a quien la intérprete homenajeó con su disco Ramito de Cedrón— fue otro de los compositores más transitados por la cantora en la velada que inauguró el ciclo que continuará el 21 y 28 de enero en Gorriti 3780.
Custodiada por Ariel Argañaraz (guitarra), Daniel Godfrid (piano), Luciano Falcón (cello) y Juan Pablo Navarro (contrabajo), a quienes definió como su respaldo —"ellos me sostienen con mucho compromiso y con mucha alegría", destacó—, Lidia volvió a sorprender.
Con la frescura que le había dado su experiencia en el rock, a mediados de los ’90 irrumpió en la escena tanguera y despertó admiración rescatando un repertorio de tangos de los años 20 y 30, registrado en Entre sueños, disco fundamental en su carrera y que marcó una bisagra en los artistas de su generación y en los que le siguieron.
Aplomada en el tango, desde hace un tiempo viene sumando a sus discos repertorio folclórico, género que había formado parte de su universo musical desde niña, y que anoche se animó a la aventura de interpretar con soltura, dándole más lugar incluso que a la música porteña.
Vestida de negro, sobria y delicada, Borda volvió a demostrar con sensibilidad porqué es una de las mejores voces de la actualidad en la música argentina.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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