El guitarrista Paco de Lucía ha fallecido hoy a los 66 años sin llegar a ver publicada su última obra, Canción andaluza, un disco de coplas que debía lanzarse a finales de abril, según han confirmado a Efe diversas fuentes.

EFE - Grabado en varias localizaciones, gran parte en España, el que quedará como su álbum póstumo atravesaba una de sus últimas fases de preparación, guardado "en un cajón" mientras se ultimaba la portada, después de que el artista pasara las últimas Navidades en suelo español ocupado en el proceso de mezclas.
El que será el sucesor de En vivo (2011) y Cositas buenas (2004), Grammy Latino al mejor álbum de flamenco, reflejará cómo veía De Lucía el mundo de la copla, género del que se empapó en su infancia en Andalucía y que, según relataría posteriormente, tuvo "una importancia vital" en su música.
"La canción española ha tenido compositores de una inspiración increíble, como el maestro Quiroga o el maestro Solano", destacaba el guitarrista durante una participación en 1978 en el programa de TVE Cantares, en el que recordaba a Marifé de Triana, Juanita Reina y Conchita Piquer como la banda sonora de su niñez.
Paco de Lucía, que ya entonces lamentaba que dentro del género se había "especulado demasiado con el 'mi arma', el salero y la gracia, quitándole su profundidad real", apostaba por que resurgiera con compositores y cantantes que la actualizaran y le devolvieran su carácter, un empeño al que terminó dedicándose él mismo en sus últimos años de vida.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.

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